El arte de escuchar

Prestar atención a nuestros interlocutores, sin filtros ni ideas preconcebidas, facilita nuestras relaciones personales y nos permite ayudar a los demás sin conflictos ni malentendidos.

Lo más común en el diálogo entre dos personas es que, mientras la primera habla, la segunda contamine lo que está escuchando con el ruido mental de sus propias opiniones, llegando a suspender la atención para preparar la réplica de lo que va a decir a continuación.

Este mal hábito, del que normalmente no somos conscientes, tiene los siguientes efectos negativos en las relaciones:

–          Conocimiento superficial de los problemas, motivaciones y prioridades del otro.

–          Malentendidos que tienen su origen en una escucha pobre o defectuosa.

–          Sentimiento de lejanía y aislamiento, ya que quien no es capaz de escuchar raramente será escuchado.

LO QUE NOS IMPIDE ESCUCHAR:

En su libro “saber escuchar”, Arthur Robertson relaciona esta habilidad con el éxito en todas las facetas humanas. Los estudiantes más brillantes son los que logran una mayor atención en clase y en las lecturas del curso. En el ámbito laboral, las personas que no escuchan repiten siempre los mismos errores. Según Robertson, los diez hábitos negativos que boicotean el acto de escuchar son;

–          Falta de interés en el tema, aunque no existen asuntos sin interés, sino únicamente personas no interesadas.

–          Atención excesiva a la forma del mensaje. A menudo etiquetamos a las personas por el registro lingüistico que utiliza, sobre todo si es de un nivel más bajo que el nuestro, lo cual impide escuchar el contenido.

–          Interrupciones. Sobre esta costumbre tan irritante, el profesor Edgar Schein dice que “La mayoría de la gente suele tener poca conciencia de cuán frecuente y groseramente interrumpe a los demás, convencida de que tiene que decir algo más importante que aquello que explica el que estaba hablando”.

–          Concentrarse en los detalles y perderse lo principal. A veces quien escucha se queda fijado en algo que ha dicho su interlocutor, porque le ha causado una especial resonancia emocional, y desatiende el resto del discurso.

–          Adaptarlo todo a una idea preconcebida. Sucede cuando ya hemos juzgado al orador y su discurso antes incluso de saber lo que va a decirnos.

–          Mostrar una actitud corporal pasiva. Una postura que denote fatiga, apatía o aburrimiento, así como el hábito de bostezar, desmotiva al interlocutor y reduce al mismo tiempo nuestra atención.

–          Introducir distracciones, atender el móvil.

–          Prescindir de escuchar lo que resulta difícil.

–          Permitir que las emociones bloqueen el mensaje.

FACILITAR EL CRECIMIENTO DE LOS DEMÁS:

En su libro escuchar con los ojos, Ferran Ramon Cortés propone cinco estadios para, además de prestar atención, ayudar al otro a encontrar sus propias soluciones. En vez de manifestar a los demás cómo los vemos, se trata de lograr que cada cual vea y descubra quién es:

–          Cambiar de perspectiva: Escuchar sin filtros requiere olvidarse de uno mismo por unos instantes y concentrarse en el otro.  Quien escucha debe renunciar a todo protagonismo. Prestar atención es silenciar el ruido interno y captar lo que dice el interlocutor y el lenguaje no verbal.

–          Fomentar la apertura y explorar: Una vez mutado el papel de protagonista por el de observador, los siguiente es lograr que el otro se abra y comparta sus sentimientos: quien escucha debe ser empático y aceptar lo que explican sin juzgar, invitando a quien habla a dar ejemplos concretos para evitar que divague.

–          Profundizar buscando la raíz: Dado que a menudo lo que se explica al inicio de una conversación no guarda relación con lo que sucede de verdad, en este tercer estado quien escucha debe ayudar al otro a través de la proximidad a descubrir lo que siente aquí y ahora.

–          Captar y comprender el sentimiento: Para ayudar a quien estamos escuchando, debemos usar dos habilidades: la confrontación (poner en evidencia las contradicciones) y a la auto revelación, que es cuando el interlocutor expone una vivencia suya que guarda relación con el caso y puede servir al otro de inspiración.

–          Propiciar el autoconocimiento: En esta última fase, quien escucha debe tener el valor para implicarse en el problema del interlocutor y ayudarle de manera efectiva. Es indispensable la sinceridad, lo cual no significa decir todo lo que se piensa, ya que podría ofender, sino en jamás decir lo contrario de lo que se piensa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s